viernes, 29 de febrero de 2008

Modernidad y Modernización


Modernidad y modernización son conceptos que pueden ser claramente diferenciados en su definición, pero esto no implica obviar la incestuosa y compleja relación que, idealmente, entre ellos se da. La modernidad es posible comprenderla en tanto rasgo definitorio de la cultura de una época, es decir entenderla a través de estructuras culturales. Por otro lado, la modernización responde a la tecnología de la transformación animada por esa cultura. Convencionalmente, al referirse a la modernidad se hace referencia al progreso, la igualdad, soberanía, Estado, partidos políticos, parlamentos; esta conceptualización es posible leerla como la construcción moderna de instituciones que tienen la capacidad de fortalecer una acción política moderna. Weberianamente, la tensión modernidad-modernización contiene la esperanza de la constitución de ciudadanía, la modernización se entiende como el diseño de una sociedad, una forma de articular una política pública focal y un cambio de matriz cultural.

Teniendo en cuenta la continua revolución tecnológica, no es casualidad que el debate actual instale el tema bajo las complejas relaciones entre modernidad, entendida como la constitución de códigos seculares y política moderna; y modernización, vale decir, las transformaciones de la base técnica. Esta revolución tecnológica se expresa de dos oleadas, la primera estaría impulsada por la aplicación sistemática y cuantiosa de energía no-humana al proceso productivo; la segunda por la ampliación acelerada de la capacidad humana para procesar información. La primera modernización revoluciona la capacidad de producción material; la segunda revoluciona la capacidad de producción de conocimiento.

En el caso de los países desarrollados se puede apreciar una articulación entre modernidad y modernización gracias a una secuencia histórica de cambio societal de modo que la transición de la primera a la segunda oleada pudo producirse con un apreciable grado de control societal sobre los cambios propios de esa transición. A diferencia se los países en vías de desarrollo -o francamente subdesarrollados- donde lo que ocurre es una superposición de segmentos sociales que, aunque participan de la modernización industrial, conviven con segmentos insertados en la segunda oleada modernizadora, es decir, la capacidad de producción de conocimiento (sociedad de la información) se da en una yuxtaposición social y política. Es por esto que en América Latina es complejo hablar de transiciones que van de una oleada a otro ciclo de modernización, lo que existe son más bien rupturas y quiebres políticos, culturales y sociales que marcan la heterogénea superposición en las formas de desarrollo.Es por esto que la teoría sociológica del desarrollo veía en la modernización una especie de racionalidad histórica que llevaría a un pasaje gradual de la sociedad tradicional a la sociedad moderna, es decir, de lo irracional a lo racional. Este camino lo realizaría mediante la instauración de un moderno sistema de valores, instituciones secularizadas -como la escuela, el partido político, la empresa moderna, burocracia de Estado-. Es en este contexto donde surgen los gobiernos nacionales populistas y el caudillaje. La modernización era, en suma, un proceso de construcción de instituciones. Teniendo en cuenta la desarticulación entre modernidad y modernización, destacan en el debate actual ideas que inciden sobre el análisis de la estructura de clases, la estratificación y la movilidad.