lunes, 25 de febrero de 2008

El “otra vez” como síntoma



Estoy terminando de reemplazar, durante dos semanas, a un colega en su trabajo. A él lo conozco desde la primera adolescencia, entre los trece y los catorce años creo, fuimos compañeros en el colegio por toda la enseñanza media y, como buenos egresados de una escuela industrial, apenas salimos de cuarto medio, sino antes, nos pusimos a trabajar en lo que habíamos gastado el tiempo durante tres años: la informática. Cuando recién entramos a esta “carrera” la denominaban “la carrera del futuro” y, ahora, desde el futuro tan lejano en esos años me doy cuenta cuan errónea era esa frase, seguramente no muy pensada por el profesor que la lanzó. A veces las personas no miden las consecuencias de sus gestos, tan necesarios de ser calibrados sobre todo si los expresas ante un púber.

Luego de trabajar unos años en el rubro con la auto-obligación impuesta, además, de estudiar algo relacionado con lo que hacía para no perder la inversión de tiempo y dinero, me di cuenta de lo errado que me encontraba. Ahora que estoy en un puesto similar al que enrolé hace ya más de tres años atrás comienzo a recordar lo chato que estaba, lo plana que era mi vida, lo poco cuestionada que eran las situaciones y cuanta ignorancia (en el sentido más brutal del termino) guardaba bajo la bóveda . Esta mañana me di cuenta. Un día antes de terminar el reemplazo, sentí la misma voz matinal de antaño al levantarme, el mismo soliloquio que retumba con un eco que solo pueden callar las primeras gotas que salen de la ducha: “Otra vez”. Pero este “otra vez” no es un “otra vez” cualquiera, porque si fuera “otra vez… voy a comer algo rico” u “otra vez… voy a tener sexo del más sucio” u “otra vez… voy a leer cien años de soledad” sería casi una loa, un piropo. Por el contrario, este “otra vez” es de decepción, de desesperación, de aislamiento, de impotencia.

No es cansancio, lo sé, no puede serlo, los viejos se cansan. Además, si fuera cansancio se aliviaría con descansar y éste no es el caso -lo he comprobado empíricamente-, además llevo solo dos semanas en el trote. Esta sensación, más bien, rosa el desaliento, no alcanza a serlo, es solo el comienzo de éste sentir. Es, en definitiva, aburrimiento. Pero ¿aburrido de qué?... ¿de levantarme temprano?, ¿de tomar desayuno apurado?, ¿de viajar en un metro repleto, de mal olor y, por lo mismo, nauseabundo?, ¿de estar sentado todo el día frente a la computadora?, ¿de volver a casa en las mismas condiciones de viaje que en las que arribo al trabajo?. Alguien, de manera apresurada claro está, respondería que si, que es por todas y cada una de esas cuestiones. Pero otro, el segundo por supuesto, que se dio mucho más tiempo para meditarlo que el primero, me diría que efectivamente es la acumulación de todo eso, pero hay más. Ese “más” es donde se oculta el secreto. Es el síntoma, es decir, el valor agregado es lo que devela el trauma que constituye el aburrimiento. Este “más” es el palpitar de la subjetividad aprisionada, engrillada a toda la externalidad enunciada anteriormente, subjetividad que busca compulsivamente tener la facultad de obrar de una manera u otra o, simplemente, no obrar –los más osados y crédulos le llamarían “libertad”-, facultad que le es castrada a la subjetividad debido a que le es castrada la soberanía sobre si misma. Este palpitar es su praxis, su trabajo, su capacidad de producir y que ésta producción lo produzca a si misma. No ser dueño de su trabajo implica no ser dueño de si mismo, de su propia subjetividad, es coartar la “libertad” que constituye al hombre… definitivamente así cualquiera se aburre.

1 comentario:

eli dijo...

Existen sucesos felices ke destruyen las bases de la realidad, de la vida que se inspira negativamente todas las noches. Mi niñez se kedo dormida un día próximo a septiembre y la melancolía sin razón revisa todo el tiempos los álbumes vacíos sobre la mesa del escritorio, en las mesas de centro solo se chorrea cotideanidad sustentada por el cansancio o el “aburrimiento” de comenzar todo de nuevo
Aveces divago y no entiendo, y lo sigo intentando sin que se cuele el hoy en las palabras, en alguna apreciación, y pienso ¡No te entrometas presente / futuro, pasado!
Ahora pienso ke por ese entonces sonreía, recordaba futuros que veía venir, dejaba juegos inconclusos y adornaba los caminos con flores arrancadas de mi jardín
La verdad es que todo andaba bien, hasta la lluvia jugaba en ese entonces, ahora tiene el significado de algún lloriqueo agobiador, la tristeza del mundo, el problema de la vida, la falta de conciencia, el mendigo sin comida, niños desamparados en todas partes , la falta de oportunidad, los zapatos gastados, hombres sin esperanza
Y sigo pensando ¡Como he modificado a mi pobre cerebro ,a mi alma he interés ¡ Un día sin previo aviso mi visión fue diferente, otros siguen divisando las mismas porquerías enlodándose en su banalidad. Para ese entonces otros solo kerían crecer, yo también lo quise y lo necesito no solo cuantitativamente, ke no es lo mismo que kerer envejecer y olvidar tu propio nombre.
Como todo, un día las cosas se remecieron y dejo los esquemas de lo próximo a seguir, las eventualidades cambian constantemente y muchas veces evocamos a la melancolía aunque nosotros mismo hayamos kerido alguna vez algún hecho pasado sólo se dignara a terminar.
Que cosa más rara como se han dado las cosas y como transita la vida en estos momentos, solo keda decir ke prefiero kedarme conmigo y mis recuerdos, con mi presente que forja mi futuro y con la muerte a la vuelta de la esquina.
Saludos señor desde la tierra de NuNkA Jamaz!
elii*