martes, 29 de abril de 2008

La opinión de la semana después


La pasada semana estuvo empapando el ambiente la discusión acerca de la prohibición, por parte del Tribunal Constitucional (TC), de distribuir en los servicios públicos de salud la píldora del día después. Treinta y seis parlamentarios de la alianza instalaron el requerimiento en el TC, éste falló y el gobierno acató el fallo, la sociedad civil se manifestó masivamente colmando una parte no despreciable de la principal calle capitalina repudiando el fallo, cuestión última que quizás tenga más importancia que las primeras.

No hay que olvidar que el TC lo que hace es velar porque la constitución política de la república no se pase a llevar (Cáp. 7 de nuestra constitución política). Pero se da una paradoja, por un lado debe defender el derecho constitucional a la vida del que está por nacer (Cáp. 3, Art. 19, Nº1) prohibiendo la entrega en los consultorios de una píldora supuestamente abortiva y, por otro lado, debe defender el derecho a desarrollar cualquier actividad económica (Cáp. 3, Art. 19, Nº21), es decir, el libre mercado, por lo que el mismo TC que prohíbe la entrega gratuita en el sistema publico de salud de la píldora ni siquiera se pronuncia acerca de su comercialización en el sistema privado, en las farmacias, y, de hecho, se puede comprar sin problemas.

Existe una larga discusión sobre si la píldora es abortiva o no. Esta pelea tiene como base la duda, tanto religiosa como científica, acerca de cuando se inicia la vida. Esta píldora se utiliza 72 horas después de la relación sexual, cuando el cigoto, es decir la célula única formada por la unión del espermatozoide y el óvulo, comienza a dividirse en dos células, éstas en cuatro, luego en ocho y así sucesivamente hasta constituir una esfera celular hueca llamada mórula, por su parecido a las moras, donde ciertos curas han tenido la dicha de ver el alma. Aquí aún no se desarrolla el corazón (para los más románticos), el cerebro (para los más racionales) ni el sistema nervioso (para los más histéricos) ya que estos comienzan recién a formarse después de la tercera semana de gestación. Si esto es vida entonces la píldora efectivamente es abortiva. A mi parecer, y lo digo desde la vereda de los que no apoyarían un aborto sino es por una razón realmente de peso (digo “no apoyaría” y no digo “prohibiría”), la vida comienza cuando quien carga con el embrión se da cuenta que lo trae, es decir, cuando el aspirante a ser humano interactúa con su madre, cuando ésta siente que está embarazada y no antes.

Esta discusión no la vamos a resolver ahora, de hecho es un misterio, su respuesta es tan incierta como definiciones de “vida” pueden existir. Lo que nos debe dar que pensar es el desequilibrio que existe entre los representados y sus representantes. Como unos pocos se arrogan el derecho a decidir por todos (¿eso no es dictadura?). Como los representantes coartan la libertad de elegir lo que las personas, informadas, quieran hacer con sus cuerpos, con su vida. Como el poder muestra su implícita bio-política y como sale a relucir la desarticulación de la sociedad civil que no proyecta siquiera la opción de un plebiscito nacional (¡si, como si fuera democracia!) para decidir un tema que nos influye a todos y su descontento no pasa más allá de una tarde de marcha. Mientras la discusión no salga de los márgenes religiosos o científicos para acercarse a lo político nada de esto podrá cambiar y el debate seguirá estancado como lo está hace ya un tiempo.

martes, 22 de abril de 2008

Vademécum de lo que perdí



Ahora la casa parece una oficina. Los papeles, ya no de fumar veniales risas interminables, o escayolan el piso mal gastado o repletan cubos de basura. Me devoro libros por matar las tardes llenas de humo, que desarme. No hay cafés de desayuno, fiesta en la cocina ni mucho menos guerras frías con amnistías implícitas. Hay tres cajas desoladas, bisuterías solitarias en las galuchas donde fueron condenados los libros inconclusos, dos pies huérfanos al interior de una antología de sabanas frías que evocan un solo de pijamas con sordina. No hay miércoles con ropa de domingo y sobran jueves grisáceos sin dulcinea y me invaden los enanos que se impostan en molinos. Los quicios, tus casillas, permanecen intactos, ilesos, como la sístole sin su correspondiente diástole. Mi boca ya no habla con tus codos, los teléfonos hablan con los ojos, los dedos se quedaron sin palabras. Las noches se hacen tarde más temprano y, como va esto, se enfermaran de otoño los inviernos y los virus se harán pasar por viruelas. Adopté, como pasatiempos, el vicio de almacenar sustancias inflamables, cultivar el silencio y el ruido, coleccionar botas de piratas y espadas de madera; y, como buen tahúr, apostar doble o nada en el cara o sello que tu mirada extraviada me provoca. El futuro, sin ninguna escoba que vender aún, se convirtió en pretérito imperfecto y el pasado en nostalgia del presente.
Para Moes

miércoles, 16 de abril de 2008

Estudiar El Trabajo


Si existe algo digno de ser estudiado eso es el trabajo en tanto concepto. Estamos envueltos por él, nos atraviesa y nos configura. Estamos perdidos, tenemos una condena aguardando por nosotros. Desde que nacemos lo único seguro es que tendremos que trabajar y mientras nos preparamos para la hora de nuestro debut, nuestros tutores trabajarán por nosotros para correr con los gastos, es decir, traspasaremos nuestra responsabilidad para con el trabajo hasta que el cordón umbilical se corte de tanto estirarlo. Esto, claro está, dentro del modo de producción actual, donde al trabajo lo podemos llamar, aquí ya sin eufemismos tan burgueses y tan defendidos por personas que no tienen clara cual es su posición dentro de la división social del trabajo, fuerza de trabajo. Puesto que solo debemos entender trabajo como la producción humana que al producir transforma al mismo sujeto que lo produce, esta producción tiene un valor inconmensurable y, por lo tanto, no tiene valor de cambio, no se puede vender ni comprar, en este sentido el sueldo o pago por "trabajar" sería una noción repugnante puesto que la producción de la vida misma del sujeto se está homologando a dinero. Por el contrario, la fuerza de trabajo, para el capital, es mera mercancía de la cual se puede apropiar y hacer con ella lo que le plazca. Pero apropiarse de la producción del trabajo de un hombre es quitarle su ser. Esto le provoca al sujeto que se le arrebata su producción una sensación de enajenación, puesto que la producción de su vida misma le es ajena. En los efectos de la enajenación se crea un dominado y un dominante, por tanto el producto del trabajo enajenado más inmediato es la propiedad privada. Esto porque ese algo ajeno, disociado del productor, queda dispuesto para que alguien se lo apropie, lo convierta en propiedad privada y más tarde esta propiedad privada cree el trabajo enajenado.

Formarse o adiestrarse para formar parte del mercado laboral y luego, una vez recibido (¿?), salir a trabajar y "ganarse la vida" está ontologizado, naturalizado; tanto como el instinto de madre de las mujeres, lo solidario que son los chilenos, el pensar que las carreteras fueron hechas para facilitar las vacaciones o que la democracia fue concebida como el medio que permite la emancipación del hombre. Así como todo lo anterior el concepto de trabajo está preñado por la ideología –dominante- y, como todo, es histórico y, por lo tanto, modificable.

El hombre, no cabe duda, ha debido trabajar desde siempre, desde el momento que tuvo que trabajar para adaptarse y sobrevivir, hasta hoy que tiene que vender su fuerza de trabajo para el mismo fin que al comienzo. Pero el concepto de trabajo no siempre ha estado ligado a la venta de la fuerza de trabajo como pensamos hoy por hoy. Es necesario reivindicar el concepto y cargarlo de pura producción. El hombre debe asumir su realidad como tal, como productor por un lado de trabajo intelectual (ideas) y de trabajo físico (objetos) por otro (inicio de la división del trabajo), ya que todo lo que rodea al hombre es producto del hombre mismo. Por lo tanto la naturaleza es construcción del hombre, el hombre reproduce a la naturaleza y aludir a la naturaleza del hombre es utilizar un recurso que permite justificar el orden actual, decir que el hombre es egoísta por naturaleza es la forma de justificar la propiedad privada, la naturaleza del hombre por si misma no existe, sino que se crea una escena original –jamás presenciada por alguien- de manera retrospectiva para explicarnos que lo presente no puede ser sino que de la forma que es.

Es por esto que es digno y necesario estudiar el concepto de trabajo, porque es lo realmente humano, porque está rebosante en ideología, porque está enajenado y porque nuestro deber es historizar los conceptos que nos rigen para poder comenzar a regir, nosotros, de manera conciente a estos conceptos y a las instituciones que se valen de ellos para justificarse y reproducirse.


Porque no está de moda

martes, 8 de abril de 2008

¿Sueldo mínimo etico o máximo socialmente justo?


Nuevamente la discusión a cerca de la posible existencia de un salario mínimo ético aparece en el horizonte político nacional. Se escuchan voces de todos los sectores buscando destacar con sus propuestas. Los izquierdozos, si es que aún quedan en el circo de nuestra política, alegaran en pro de la clase trabajadora; los concertacionistas harán lo necesario para quedar bien con los empresarios, que en muchos casos son ellos mismos, sus familiares o conocidos; los de derecha directamente se opondrán utilizando los eufemismos de siempre, que “si el sueldo mínimo sube aumentará el desempleo” o “las PyMES desaparecerán ya que la regulación de un sueldo mínimo justo permite al pequeño y mediano empresario (asceta santificado) dar empleo”. Los neoliberales que no se encuentran dentro de nuestro mundillo político, en tanto no están enrolados a un partido definido, simplemente no oirán las palabras del cura de turno pidiendo equidad salarial, pese a que muchos son Opus Dei, y directamente postularan lo que siempre han dicho: no debe existir el sueldo mínimo, se debe dejar al fetichizado mercado que se auto-regule, se debe dejar al mercado libre y que aparezca la “mano invisible” (¿Será Dios?).

Patrañas. Todos los políticos y los empresarios saben muy bien que el mercado por si mismo no puede funcionar, es imposible que se auto-regule y esto se puede comprobar empíricamente en las crisis capitalistas en las cuales los bancos pidieron a gritos la intervención Estatal para poder salvarse de la debacle. En el capitalismo existe, ha existido y seguirá existiendo una relación incestuosa entre el Estado y el mercado, sino pregúntenle a los Milicos, a Lagos, a Somerville o, si buscan una respuesta derechamente sólida, a Federico Augusto. Los empresarios buscan ser felizmente libres mientras van ganando pero apenas comienzan a perder, o comienzan a ganar un poco menos, gritan buscando amamantarse de la madre patria.

Una economía exitosa, siempre para la gran empresa claro, necesita, a lo menos, de dos factores para sobrevivir: un desempleo que no supere el 10% ni baje del 4% y un sueldo mínimo justo, nuevamente para los empresarios, pero no deplorable para los trabajadores. El desempleo es necesario. Mantener un ejército de desocupados al acecho de un puesto de trabajo es una amenaza constante para los trabajadores que cuentan con una fuente estable de empleo y es un castigo ejemplar para los que sufren la cesantía. Por otro lado el sueldo mínimo es necesario para la manutención de la mano de obra. Su nombre no es casualidad e indica que es el dinero mínimo con lo cual un trabajador puede comer, pagar los servicios básicos, movilizarse de ida y vuelta a su trabajo, y sobrevivir diariamente. Y, si el trabajador cuenta con hijos podrá entregarles una educación deplorable a éstos para que sigan siendo mano de obra, “el estudio es lo único que te puedo dejar” ¿Qué hijo de clase trabajadora, o directamente baja, no ha escuchado eso?, sin contar la deuda por concepto de estudio que el futuro profesional deberá cancelar una vez egresado (que es parte integral de la herencia de la educación).

Los que ostentan el poder nunca dejaran de hablar con eufemismos, impidiendo así la posibilidad de develar las bases macabras del sistema dominado por los mismos. Un sueldo mínimo no puede ser ético porque el capitalismo es un modo de producción inhumano en tanto utiliza a los sujetos como instrumentos, cosificándolos, y la ética tiene como objeto la moral, facultad propiamente humana. Si la clase dirigente está de animo reformista debiese plantear la discusión a cerca de un salario máximo socialmente justo con respecto a la totalidad, con la intención de regular las ganancias desmesuradas que son las que amplían la brecha entre ricos y pobres que es, en definitiva, el problema intrínseco de la economía neoliberal. En definitiva, deberían dejar de mentir.

jueves, 3 de abril de 2008

Maldito


La disciplina sociológica crea personas malditas. Adiestrarse en las artes de la sociología crítica desilusiona, decepciona, desencanta; te hereda una duda constante con respecto a todo y un cuestionamiento incesante del discurso institucionalizado, te transformas en una especie de sociópata. Todas las cosas, en tanto hechos sociales institucionalizados, implican una oscilación que va desde lo que se muestra hacia su trasfondo y vuelve a lo primero, convertido en flecha que des-arma lo mostrado, develando lo que se oculta tras la forma discursiva.

Es por esta razón que es fundamental sopesar ciertos conceptos a tomar en cuenta a la hora de explicarse ciertos fenómenos. Tales son: Modo de Producción, Enajenación, Cosificación, Fetichismo, Lucha de Clases, Poder, Instituciones, Síntoma, Trauma, Ideología, Discriminación, Critica… Pero, lo sé, hablar de esto siempre trae problemas, no me cabe duda que no está de moda y es, para muchas personas, una discusión añeja y obsoleta. Es mejor hacerse el imbécil.

Bueno ¿entonces qué? Hablemos de fútbol, vamos a tomar hasta borrarnos, saquémonos una foto y subámosla al facebook, cómprate un IPOD, ¿tu celular no tiene cámara? entonces no sirve, ahí tienes una semana de “fiestas patrias” para celebrar, discrimina al aborigen y sobre todo al peruano clandestino, pero respeta a tu jefe, ojala trátalo de usted y háblale un tema que tu creas que es interesante para él (recuerda que él te da trabajo y el clandestino que viene del norte te lo quita); ¡fin de mes! ¿te pagaron?¿pagaste las deudas?, trata de pagarlas al día mira que Mr. Falabella sin tu paga no pasa el mes. Produce y consume, no te enfrasques en discusiones innecesarias con términos obsoletos como “lucha de clases”, “ideología dominante”, “Burguesía y Proletariado”. Todo eso ya pasó, arribamos a la “era de la información”, estamos en la globalización donde las oportunidades son iguales para todos, donde todos estamos conectados.

Pero, no hay que olvidar que, ser un esnobista social es lo sintomático del discurso ideológico que deja relucir lo desinformada que está esta actual “sociedad del conocimiento” e, irónicamente, lo analfabeta de esta “era de la información”. Los encargados de la transición social, capitalistas y burócratas, gracias a una fulera democracia representativa se han encargado de ocultar todo rastro de la lucha de clases, antes reprimida con las armas, como en la mayoría de América Latina; seduciendo e integrando a los sujetos al consumo, creándoles intereses y necesidades y, sobre todo, vigilando e infundiendo miedo. Pero esto que importa si total ahora somos libres, ya no nos amenaza el demonio rojo ni vivimos bajo una dictadura sangrienta y, por si alguien no se había enterado, la transición a la democracia ya terminó: Somos Libres!

Un pequeño detalle que casi me olvidaba. Nuestro concepto de libertad tiene que ver con la concepción burguesa de ésta. La libertad que actualmente predomina, en la globalización neoliberal, es nada menos que la libertad de poder vender o no la fuerza de trabajo –proletariado- a quienes poseen los medios de producción –burguesía-, para así, posteriormente, consumir, siempre tan libremente, lo producido. Sería permisible, entonces, referirnos a este tipo de “libertad” con otra palabra que le viene mejor: chantaje. Va, pero se me olvidaba, estos términos están ya obsoletos, hablar y leer esto es de malditos, amargados e infelices desfasados y resentidos… ¿Cuándo juega el Colo?

miércoles, 26 de marzo de 2008

A Javier


La última vez que te vi fue después que tu grito atravesó la calle Libertad e hizo recordar, al entrar por mi oído, tiempos ya muy pasados. Estabas al frente, terminabas de trabajar e ibas a tu casa, que aún queda a dos sitios de la mía, a almorzar para después salir rápidamente a estudiar. Fue en Octubre pasado, no recuerdo quien cruzó la calle pero si recuerdo el resentimiento que cargabas para con la vida que te tocó, resentimiento que se transformaba en frases que salían quemando de la mueca que llevabas por boca. Tu estado era tan frágil y terrible como tu vida, las palabras se atropellaban antes de salir. Me hablaste de la disfuncionalidad de tu familia, de la violencia siempre presente de ese “hijo de puta” que tuviste como padre, de la cobardía de tu madre heredada por tus hermanas. De que no tenías ni un morlaco, que tu vida se había tornado una rutinaria búsqueda de sustento que, paradójicamente, para lo único que servía era para olvidarte de la misma. Ya no te inyectabas y estabas tratando de superar el alcoholismo, querías escapar. Huir de lo que te amarraba, de esa casa, que nunca fue un hogar, en la cual el ruido no dejaba escuchar tus gritos, de tus amigos ausentes, del egoísmo sofocante, de este modo de llevar la vida que roza lo inhumano.


Ya lo hiciste, tomaste la decisión más compleja y radical que cualquier sujeto puede tomar, esa que tiene que ver con el parar de vivir. Creo, de igual forma, que cada uno de nosotros te ayudó a tomarla, sin saberlo te apoyamos, desde hace ya varios años que caminábamos al lado tuyo, sin que tu lo notaras ni menos nosotros, en dirección a ese bendito-maldito tren para, con nuestra ausencia, despedirte. Esa maquina, no me cabe duda, fue tu huida, tu fuga, tu odio, tu ira… Tu Libertad.

miércoles, 19 de marzo de 2008

El giro cultural (Parte 3)


Ésta es la última de la serie de tres publicaciones destinadas a echar un vistazo a la construcción de los movimientos sociales en América Latina. Esta monografía la armé en el mes de Octubre del año que recién pasó y contiene una bibliografía actualizada acerca del tema. Me decidí publicarla en el blog básicamente por dos razones, primero porque encuentro que entrega una visión global de un tema muy necesario para comprender actuales procesos sociales que sacuden nuestra América y, segundo, porque mi vida se ha convulsionado un poco al pasar de las “vacaciones-trabajos” a el inicio de las clases en la universidad. Lo segundo claramente me ha dejado con pocas fuerzas para la iluminación que tanto necesito para escribir cosas nuevas, pero ya saldrán.

La teoría de los nuevos movimientos sociales

La relación autoritaria del Estado para con la sociedad civil trajo como consecuencias[1] la perdida de significación de la “conciencia democrática”, aumento de la inseguridad individual, angustia social, imposición arbitraria de pautas y limitación en los medios de comunicación. “La referencia al Estado y los vínculos con la política cambian dramáticamente para los actores sociales particulares, llegando a ser más autónomos, más simbólicos y más orientados hacia la identidad y autoreferencia que a lo instrumental o reivindicativo”[2]. Es debido a este quebrantamiento de lo social es que los movimientos se reorientan en distintas esferas de lo social, la lucha apuntaría ahora más hacia lo cultural y social en vez que a lo económico o político, el concepto de totalidad se ve fragmentado.

Como se ha dicho en la primera mitad del siglo XX, en la sociedad moderna o industrial, las Ciencias Sociales estaban preocupadas de la estructura social, la totalidad, y por lo tanto su objeto de estudio y preocupación era el cambio de esta totalidad. Surge luego la sociedad postmoderna o postindustrial la cual ya no se organiza en términos tradicionales, sino que ahora las grandes estructuras sociales no existirían, es el fin de las clases y, por consecuencia, el sujeto social es distinto y funciona de acuerdo a problemáticas acotadas y pequeñas. Ahora las demandas no estarían centradas en los intereses políticos-económicos sino que, mas bien, se lucharía por la identidad.

Según Garretón[3] tanto la Globalización como el Cambio de Matriz Sociopolítica en América Latina han contribuido a la transformación del sujeto social. En primer lugar, la Globalización en cuanto a su influencia económica, por vía de los mercados, como comunicacional, por via de los medios de comunicación, información, redes virtuales y reales, e informática; que atraviesa al cuerpo social ha traído como consecuencias la desarticulación de los actores clásicos de la sociedad industrial, el surgimiento de identidades que su adscripción se basa en el sexo, la edad, la religión, la etnia; otra consecuencia es el vinculo pasivo y mediático entre las masas y la globalización, el surgimiento de los movimientos antiglobalización. El nuevo “tipo societal” tendría como ejes el consumo, la información y la comunicación y estos nuevos tipos de actores sociales serían: los públicos, las ONG’s, actores identitarios y los poderes fácticos, estos últimos pueden ser extrainstitucionales, como por ejemplo los grupos económicos, o institucionales, como por ejemplo los poderes políticos.

Con respecto al Cambio en la Matriz Sociopolítica, esta tiene que ver con la ruptura y desarticulación de la matriz clásica o nacional-popular planteada en lo que va del desarrollo del presente trabajo, existe un vacío dejado por la antigua matriz desarticulada por los autoritarismos militares en el cual se instalan diferentes sustitutos que impiden el fortalecimiento, la autonomía y el complemento entre los componentes de la matriz, es decir, entre el Estado y los diferentes actores sociales. Existen tres grandes tendencias que buscan instalarse en este vacío, en primer lugar está el neoliberalismo, el cual niega la política a partir de la modernización expresada en una política instrumental que sustituye la acción colectiva por la “razón tecnocrática” y rige la lógica del mercado, por otro lado y opuesto a la primera aparece la sociedad civil que impone, también, una visión crítica del Estado y la política a través de los principios identitarios y comunitarios; en tercer lugar, y entre estas dos tendencias contradictorias, se encuentra la visión más institucionalita del refuerzo del papel del Estado y la democracia representativa, la cual intenta evitar la destrucción de la sociedad a manos del mercado, los poderes fácticos o el individualismo de las reivindicaciones identitarias y corporativistas.

Se puede apreciar que existe una evolución histórica y, por lo tanto, también de las teorías de los nuevos movimientos sociales. Estas nuevas teorías cuestionan la rigidez de las teorías anteriores respecto a la concepción de los movimientos colectivos y su cuerpo común es la insistencia en la acción simbólica, en lo cultural e identitario. Se le entrega mucha importancia a la autonomía y a la autodeterminación de los sujetos, más que a la disputa por el poder. Existe una creciente centralidad de los valores postmodernos, en lugar de conflictos de clases surgen luchas más subjetivas las cuales tienen que ver con la etnia o el género, por ejemplo; existe una lucha por recursos simbólicos. Se problemática la fragilidad de las identidades, se piensa en identidades volátiles en lugar de grupos de conflictos con identidades duras y firmemente constituidas, existe una identidad en construcción. La ideologías o las demandas de los movimientos sociales se construyen socialmente de manera permanente y, por lo tanto, no estarían constituidas según la posición estructural de los sujetos, sino que, más bien, están construidas en procesos históricos. En lugar de mirar a los movimientos sociales como organizaciones rígidamente constituidas, auto referidas (como puede ser un sindicato), ahora son asumidas en forma de redes, es decir, una organización flexible y no articulada. En resumen, existe un cuerpo teórico con elementos comunes que se diferencian de las “viejas” teorías y que su objetivo es valorizar el papel de lo identitario y cultural.

Surgen, entonces, nuevos ejes, ahora de sentido, que orientan la acción colectiva de los sujetos. En primer lugar está la democratización política los cuales surgen desde los propios autoritarismos “el primero corresponde a las fundaciones democráticas, es decir, la creación de un régimen democrático en países donde nunca existió antes [...]. El segundo correponde a las transiciones, el paso a regímenes democráticos desde regímenes de dictadura [...]. El tercero corresponde a las reformas, es decir, procesos de extensión de instituciones democráticas desde el poder mismo”[4]. En segundo lugar está la Democratización Social concepto que es tomado bajo dos significados, en primer lugar como la redefinición de la ciudadanía la cual es entendida como “el lugar del reconocimiento y la reivindicación de un sujeto de derecho frente a un determinado poder”[5], poder que normalmente es el Estado pero también pueden ser los medios de comunicación o el medio ambiente. El segundo significado es la superación de la pobreza y la exclusión, es decir, ya no hay una lucha por cambiar la estructura sino que por integrarse a ella y ser valorado dentro de esta. El tercer eje es la reconstrucción de la economía nacional y su reinserción, este tiene que ver con la transformación de la matriz del estado como agente de desarrollo y que impulsaba un “desarrollo hacia adentro y la reinserción de la economía nacional en el proceso de globalización de la economía mundial”[6]. Y el cuarto eje es la reformulación de la modernidad a partir de la postmodernidad, es decir la desaparición de los meta-relatos donde existía una estructura que provocaba desigualdad, posición y lucha de clases, donde la sociedad se constituía por sujetos individuales y colectivos.

¿Está desestructurado lo Nacional-Popular?

En América Latina, actualmente, el proceso de El Evismo[7] en Bolivia puede relacionarse con como opera lo nacional-popular. Según Álvaro García L., el evismo es una estrategia de lucha por el poder la cual tiene tres etapas: 1987-1995 resistencia, 1995-2001 alianzas y 2001-2006 consolidación del poder. Esta estrategia está centrada en los movimientos sociales lo cual marcaría “una ruptura con las estrategias previas observables en la historia política continental y mundial”[8] ya que no pretende la representación política a través de la delegación de poderes sino que es “una proyección que busca de manera casi absoluta la auto-representación de los propios movimientos sociales”[9].

El evismo abarca el proceso político desde el movimiento social indígena, y es a partir de esta identidad acotada que se genera una identidad nacional. Lo que permite que se generalice esta identidad indígena es que es ante todo cultural y de carácter flexible, lo cual permite ir sumando segmentos y sectores más amplios se unan al proyecto. La propuesta indígena es “un nuevo modelo de nacionalismo expansivo, una nación multicultural que resalta la unidad en la diversidad”[10].

Para que un proyecto popular se vuelva nacional lo que realiza el evismo es una rebelión de un modo inclusivo, es decir, “incorpora la gran producción extranjera, tratando de dialogar con el mundo globalizado, pero girando todo en torno al núcleo indígena en términos políticos y a la pequeña producción familiar y comunal en términos económicos”[11]. La composición ideológica de este movimiento tiene la virtud de hacer dialogar el indianismo, lo nacional-popular, el sindicalismo y el marxismo; y poder, a partir de esto dominar el Estado y emprender la construcción de un modelo postneoliberal.

[1] Op. Cit. p. 78.
[2] Op. Cit. p. 11.
[3] Op. Cit. pp. 11-14.
[4] Op. Cit. pp. 14-15.
[5] Op. Cit. p. 16.
[6] Op. Cit pp. 17-18.
[7] García, A. El evismo: lo nacional-popular en acción.
[8] Op. Cit. p.26.
[9] Op. Cit. p.26.
[10] Op. Cit. p. 28.
[11] Op. Cit. p. 28.

sábado, 15 de marzo de 2008

El proceso político en América Latina (Parte 2)

El siguiente posteo es el segundo de un total de tres monografías que se refieren a los procesos sociales de América Latina. Creo que tener claros estos eventos nos permite ver la actualidad con una perspectiva mucho más amplia y así poder entender las múltiples paradojas que se dan en nuestra, no tan Latina a ratos, América. Esta segunda parte es la más extensa de las tres, pero vale la pena “gastar” el tiempo en digerirla ya que permitirá lograr una comprensión mucho más acabada de la tercera y última parte.

Lo Nacional-Popular


Existen problemas para comprender las características del movimiento popular en América Latina ya que “sus opciones y alternativas aparecen casi totalmente definidas por la dominación misma”[1]. Es, por lo tanto, fundamental construir la historia del movimiento popular entregándole autonomía a los sujetos y no mediante la explotación. Esto sería una historia propia del movimiento popular, vinculada con el devenir social, los procesos de lucha y contradicción; pero no construida desde el punto de vista de la clase dominante. Así es posible encontrar rasgos propios de los movimientos populares. El sujeto popular ha constituido la posibilidad de una sociedad alternativa, tiene la capacidad de realizar cambios sociales y, por lo tanto, no puede ser visto como masa ya que tiene determinación sobre su propio destino, tiene su propia autonomía. En el Movimiento Popular el pueblo se constituye como una categoría política, convertido en movimiento político-social se transforma en un solo gran actor. Es por esta razón que las que “las etapas políticas que constituyen la historia del movimiento popular están marcadas por el tipo de proyecto alternativo”[2] pensado por los dominados. Existe, por lo tanto, una historia propia del movimiento popular la cual tiene en cuenta los periodos que se detallarán a continuación.

Conflicto Oligarquía-Pueblo


Abarca los primeros años del siglo XX en América Latina, coincide con la Revolución Rusa y la Primera Guerra Mundial en Europa. Es en este periodo donde trata de emerger una dominación burguesa por sobre la oligarquía dominante durante el siglo XIX, existe un conflicto entre la burguesía importadora comercial y la oligarquía terrateniente y minera. Esta lucha hace necesaria una “reordenación del sistema político con el fin de establecer nuevas formas de poder"[3] con la intención de realizar un reconfiguración social.


La burguesía encuentra como aliado al mundo popular el cual tiene marcado, igualmente, un sentimiento anti oligárquico y una fuerte intención revolucionaria. Surge, debido a la industrialización en los países, la clase obrera y con ello las ideas de “la inminencia de la revolución” y “el carácter revolucionario del pueblo”, lo cual tiene como consecuencia la emergencia de una alternativa socialista.


Alianza de Clases


Con la crisis económica de 1929 se derrumba finalmente la dominación oligárquica. Existía en América Latina una yuxtaposición de clases, surge así una alternativa de gobierno y, con ello, dirigentes que representan al pueblo, “el partido es por definición el pueblo gobernante”[4]. Esta aparente nueva estabilidad no evita que surjan intereses propios de cada clase o grupo, la clase obrera afirma su identidad y su alternativa de socialismo pero opta por una política inmediata de alianzas la cual satisfacía su necesidad de poder e implicó “ciertos grados de participación de los distintos sectores sociales en la estructura de poder y de determinados modos o estructuras institucionales de participación o incorporación social”[5]. Esta alianza de clases hacia el año 1945, finalizando la Segunda Guerra Mundial, se instala con un modelo desarrollista en América Latina el cual tiene como objetivo inmediato un “proyecto nacionalista, antiimperialista y antioligárquico; el socialismo es menos significativo que el proceso de liberación nacional”[6] y, por lo tanto “se caracteriza por la iniciación de políticas tendientes a la industrialización y a la consolidación del mercado interno”[7], el proyecto que pretende mantener esta alianza de clase tiene que ver con la modernización, es decir, su meta es salir del subdesarrollo y esto es lo que le entrega sentido a la historia latinoamericana. El mundo popular entiende que el desarrollo socioeconómico es un objetivo propio ya que tiene como esperanza mejorar las condiciones de vida, mejorar los porcentajes de ganancias y tener una mayor participación política a través de los partidos políticos que lo representan. Este desarrollismo, debido a la creciente industrialización y al alto desarrollo del mercado interno, que tiene como intención sustituir las importaciones, provoca un crecimiento en el poder económico de la burguesía lo cual provocó cambios en la estructura de la división social del trabajo, crea una mayor importancia del proletario y un aumento del sector popular no-obrero, surgen así las masas. Debido al importante papel que tiene el Estado en este periodo, el cual de ser un mero “mediador” entre la burguesía nacional y la inversión extranjera pasó a “iniciar fuertes políticas de defensa arancelarias del mercado, intenta promover la transferencia de recursos desde el sector exportador al sector interno; propicia la creación de una infraestructura de apoyo a la industria sustitutiva”[8] con lo cual comienza a surgir la burocracia y, con ella, los sectores medios que se identifican con el Estado y ven en él sus posibilidades de futuro.


Este estado social tuvo su expresión política la cual se ve reflejada en distintos acuerdos y alianzas entre todos los sectores sociales, “el sector obrero y las masas urbanas presionan con sus demandas dando origen al “distributivismo” social y económico como política de Estado”[9], surge así un “Estado de Compromiso”, cuyo objetivo inmediato es “el mejoramiento de las condiciones de vida, principalmente a través del desarrollo industrial, mayor y mejor educación, salud, vivienda”[10]. El Estado se transforma en distribuidor de la riqueza y, a la vez, permite una mayor participación de los movimientos populares en la estructura de poder, es un sistema de equilibrio social donde se abre un nivel de participación social, económica y política de los distintos actores sociales.


En América Latina se estructura el proyecto llamado Nacional-Popular, este concepto se encuentra en los “Cuadernos de la Cárcel” escritos por Gramsci, autor que está pensando la Revolución en occidente y que plantea como se puede desarrollar un proceso de transformación en la Europa occidental en donde se estaban desarrollando procesos de industrialización mucho mayores que en la Europa oriental (Rusia). Este autor piensa que no solo los que dominan lo hacen por la fuerza, sino que también por el consentimiento del dominado mediante procesos de legitimación. Surge así el concepto de hegemonía que se refiere a la combinación de los rasgos represivos del Estado con los elementos persuasivos de la legitimación que genera adscripción. Lo Nacional-Popular es entendido, entonces, en América Latina como la capacidad que tiene movimiento popular de proponer un proyecto alternativo para el conjunto de lo nacional. Un proyecto desde lo popular que integre a los diferentes sectores, donde se de un correlato entre la estructura política y la estructura social. Para Garretón[11] lo Nacional-Popular está vinculado al tema del desarrollo, la integración social y la autonomía. La principal característica de esta matriz sería la fusión entre sus componentes, es decir, el Estado, los partidos políticos y los actores sociales; esto tiene como consecuencia el debilitamiento de estos componentes y una mezcla entre dos de estos tres componentes con la subordinación o eliminación del que queda aislado.

Crisis del Estado de Compromiso o El quiebre de la Alianza de Clases

Este proyecto Nacional-Popular, encarnado en el Estado de Bienestar, no impide que surja un proceso de tendencias contradictorias entre las clases. Los grupos burgueses demandaban una expansión continuada de la economía, las masas populares demandaban un mayor grado de distribución de la renta nacional, lo cual también afectaba a los sectores medios y, por otro lado, los campesinos irrumpían presionando por el proceso de reforma agraria[14]. Es así como la alianza de clases comienza a entrar en crisis, la cual es provocada por “las propias contradicciones que el sistema económico-político y social contiene, contradicciones que solo es posible resolver a través de redefiniciones del carácter del Estado”[15], se puede decir que las reformas del Estado de Compromiso lo llevaron a su propia crisis. El propio desarrollo de la industrialización llevó a una mayor polarización de las clases sociales y a una mayor organización de clases, las cuales buscaron la solución definitiva en el enfrentamiento.

Esta crisis se puede explicar también en términos de “dependencia”, los problemas enfrentados por los países latinoamericanos dentro de esta perspectiva son: “a) sometimiento de las decisiones nacionales de producción y consumo, a los intereses externos (centros hegemónicos y/o multinacionales); b) subordinación de posibles grupos dinámicos (empresarios nacionales) a la organización y decisión de multinacionales y economías centro; c) marginalización creciente de vastos sectores agrarios y urbanos; d) distribución regresiva del ingreso; e) aumento de la extrema miseria”[16], la dependencia es, entonces, la subordinación de las estructuras económicas a un centro hegemónico que dicta como comportarse. Esto hizo surgir una “fracción capitalista” la cual busca imponer su hegemonía al total de la sociedad “no solo a través de un reordenamiento de las relaciones económicas, sino también de una reformulación del sistema de relaciones sociales y del sistema político”[17], en palabras de Garretón, una desarticulación de la matriz Nacional-Popular, la cual, tengamos presente, no por ser “nacional” dejó de considerar la existencia de clases sociales interactuando constantemente y lo que proponía era un sistema de alianzas y antagonismos. “La emergencia de una burguesía industrial y financiera cada vez más fuerte internamente, aunque en alianza con el gran capital extranjero, comenzó a poner en peligro la subsistencia del Estado de Compromiso”[18].

El propio desarrollo interno de la alianza la lleva a pasar de su carácter “distributivista” a entregarle un énfasis “productivista”, “el propósito es integrarse a las formas modernas del capitalismo aunque se tenga que aceptar una actuación solo en la periferia del mercado mundial”[19], el proyecto de alianza se enfrenta entonces a la demanda popular antagónica. El proletariado industrial, fortalecido por un lado por el desarrollo de la industria nacional y, por otro, teniendo presente la influencia de la Revolución Cubana de corte socialista, busca crear nuevas alianzas con sectores populares marginales y campesinos con la intención de realizar un proyecto político alternativo.

Presencia del autoritarismo

Así como en Cuba en el año 1959 se plantea la posibilidad del Socialismo para Latino América, en Brasil, en el año 1964, se plantea la posibilidad del Capitalismo Autoritario. Esto implica que el proceso de crecimiento del mundo popular se revierta. El movimiento popular fue reprimido y además se constituyeron condiciones en las cuales las posibilidades de avance del proyecto Nacional-Popular se dificultaban debido a la fractura de las posibilidades de realizar alianzas entre clases. “La “modernización” se hace a costa de un autoritarismo creciente y que no disminuye el cuadro de pobreza típico del “desarrollo con marginalidad”[20] y, por otro lado, mediante transformaciones institucionales o estructurales no autoritarias en el sentido militar pero sí en el económico. Se recurrió a la violencia cuando el grupo que buscó imponer su hegemonía no fue capaz de crear nuevas instituciones sociales estables que lo representaran. “El problema radica fundamentalmente en las posibilidades que tiene cada uno de los sectores en pugna para instaurar su proyecto. En este sentido los sectores populares carecen en general de la capacidad de imponer frontalmente un proyecto socialista, a la vez que suelen ser desbordados en la medida que plantean una política reformista o de conquistas de cuotas de poder. No es extrañar entonces que el Estado de Compromiso vaya inclinándose progresivamente a favor de los sectores económicamente dominantes. Donde la movilización de los sectores populares alcanzó la fuerza suficiente como para oponerse a esa tendencia se forzó el enfrentamiento directo instaurándose regímenes autoritarios”[21]. Esto permitió la formulación de políticas adecuadas y un reordenamiento social de tintes capitalistas de acuerdo con la dependencia económica.

Surge así un Estado Burocrático-Autoritario[22] el cual se caracteriza, además del nuevo ordenamiento económico y, por lo tanto, de relación de clases también una eliminación radical de las manifestaciones que puedan presentar una alternativa al actual Estado. Es necesario señalar también que las burguesías nacionales necesitaban de este tipo de estado para poder insertarse económicamente en el nuevo esquema impuesto por la empresa multinacional por lo que “no solo la nueva modalidad de la economía debía imponerse por vía de la fuerza sino que aún la pertenencia del régimen se basa en la coacción”[23], se destruyen las autonomías y se desmantela la esperanza socialista. El Estado, con la intención de estabilizar las relaciones sociales se convierte en un Estado de exclusión política cuyo mecanismo de control es la supresión de toda demanda social popular. Existe una desarticulación ideológica de las masas y surge la ideología del Estado la cual le entregaba al mismo un carácter abstracto señalándose como un Estado “que pretendía estar al margen de la representación directa de las clases”[24], esto aunque su poder y fuerza la obtuviera de grupos económicos y sociales bastante definidos.

Este Estado, con la intención de profundizar el capitalismo comienza a ser administrado por una tecnocracia que pretende la racionalización económica de éste. Surge así una nueva alianza la cual está compuesta por tres sectores: “el sector económico controlado directamente por el Estado, los capitalistas locales y las empresas multinacionales”[25]. Existe así una relación dialéctica entre el mercado internacional que demanda profundización del capitalismo y el Estado que es capaz de ordenar a la sociedad para cumplir con esta demanda. Su legitimación la realiza de dos maneras, la primera es en virtud de la situación anterior de la cual resaltan los aspectos más negativos, es decir, en la negación del desorden del comunismo o la corrupción de “los señores políticos”. Y la segunda, resaltando sus aspectos “positivos” los cuales serían la racionalidad y la eficacia económica, con lo cual reafirma su carácter productivista.


[1] Baño, R. y otros, Movimientos Populares y Democracia en América Latina, p. 2.
[2] Op. Cit. p. 2.
[3] Idem.
[4] Op. Cit. p. 3.
[5] Faleto, E. y Kirkwood, J. Articulo Política y comportamientos sociales en América Latina en Revista Paraguaya de Sociología Nº 49, p. 69.
[6] Op. Cit. p. 3.
[7] Op. Cit. p. 72.
[8] Idem.
[9] Idem.
[10] Op. Cit. p. 3.
[11] Ver Garretón, M. La transformación de la acción colectiva en América Latina, pp. 9-10.
[12] Op. Cit. p. 3.
[13] Idem.
[14] A respecto de este último punto ver Faletto, E. La dependencia y lo nacional-popular, p.4.
[15] Op. Cit. p. 69.
[16] Faletto, E. La dependencia y lo nacional-popular, p. 2.
[17] Op. Cit. p. 74.
[18] Op. Cit. p. 4.
[19] Op. Cit. p. 74.
[20] Idem.
[21] Op. Cit. p. 4.
[22] Op. Cit. p. 75.
[23] Op. Cit. p. 5.
[24] Op. Cit. p. 76.
[25] Op. Cit. p. 75.

domingo, 9 de marzo de 2008

Movimientos Sociales (Parte 1)

En la primera mitad del siglo XX las Ciencias Sociales se encontraban bajo el paradigma estructural, por lo tanto su preocupación fue la estructura social, la totalidad, y, entonces, sus análisis apuntaron a la posibilidad de cambio de esta totalidad. Los científicos sociales estaban inmersos en la sociedad de la época industrial, fordista o moderna; donde existía una contradicción de clase dada por la tenencia o no de los medios de producción. A continuación se abre paso la sociedad postindustrial, postfordista o postmoderna, la cual ya no se organiza en términos tradicionales, ahora las grandes estructuras sociales ya no existen y, por lo tanto, el sujeto social es distinto y “funciona” de acuerdo a problemas más pequeños y acotados. Las luchas ya no estarían centradas en las demandas políticas-económicas, ahora, los actores sociales lucharían por la identidad. Emergen, actualmente, movimientos sociales fragmentarios con lo cual desaparece el problema de la transformación social, el movimiento social se legitima cuando lucha por sus reivindicaciones. En las próximas publicaciones se buscará graficar al Movimiento Popular en Latinoamérica y lo Nacional Popular de la sociedad moderna; y con esto mostrar el giro cultural que llevó al surgimiento de la Teoría de los Nuevos Movimientos Sociales. A continuación se expondrá una breve introducción para así contextualizar las posteriores publicaciones.

Clase, pueblo y masa

Antes de analizar el devenir del Movimiento Popular y el posterior surgimiento de los Movimientos Sociales en América Latina se debe pasar a revisar que quieren decir los conceptos de clase, pueblo y masa. El primer lugar, el concepto de clase surge cuando la naciente sociedad industrial se enfrenta a las estructuras estamentales tradicionales de los estados feudales, surgía así una nueva forma de estructuración social en la cual se utiliza el concepto de clase para dibujar los contornos de la nueva estructura social y, en este sentido, se convierte en uno de los conceptos más importantes para comprender a la sociedad moderna[1]. Marx, teniendo a espaldas las revoluciones, Francesa o Burguesa por un lado e Industrial por otro, entrega un verdadero diagnóstico de época mostrando en El Manifiesto Comunista las principales clases de la sociedad burguesa[2]. Estas clases están definidas según la pertenencia de los medios de producción, es decir la clase burguesa la componen los dueños de los medios de producción y la clase proletaria la componen los que venden su fuerza de trabajo a los propietarios de los medios de producción[3]. Otra definición que hace Marx de pertenencia de la pertenencia a una clase determinada la realiza en La Ideología Alemana donde indica que los individuos forman una clase social solo cuando se unen es pos de una lucha común contra otro grupo común, concepto que tiene implícita la idea de “lucha de clases”. Por lo tanto, se puede decir que las clases están dadas por una condición económica, según su posesión o no de los medios de producción, y, por otro lado, si se forma parte de un conglomerado activo unidos por una lucha común contra otro. Entonces existe una visión económica y política del concepto.

Por otro lado, los conceptos de pueblo y masa son trabajados en América Latina con la idea de “clase”. En América Latina, debido al desarrollo histórico distinto al Europeo, se ha puesto en duda la existencia de clases sociales según el paradigma Europeo. El pueblo o movimiento popular es visto como una expresión de clase, hay que concebir este concepto como una gran totalidad del sector popular organizado y en movimiento, una clase social determinada como todo aquello que no es parte de la dominación[4]. En tanto, el concepto de Masa surge entre los años 20 y aquí lo masivo es la idea de la existencia de lo popular, tiene, en si, un tono peyorativo en tanto que presupone una homogeneización del comportamiento y las expectativas de los sujetos. Las masas, hoy en día, está vinculada a los medios de comunicación. El consumo sería la forma de construcción de “masividad” a través de lo cual se expresa lo popular[5].



[1] Al respecto, ver Basaure, M., ¿Fin de las clases? Materiales para un debate.

[2] Marx, C. Y Engels, F., El Manifiesto Comunista, capítulo “Burgueses y proletarios” pp. 23-36.

[3] Al respecto ver versión de Marx, C., Manuscritos Económico-Filosófico, tercer manuscrito: “Necesidades, producción y división del trabajo”, pp. 132-138. En compilación realizada por Fromm, E., Marx y su concepto de hombre.

[4] Al respecto, ver Salazar, G. Y Pinto, J. Historia contemporánea de Chile II. Actores, identidad y movimiento, pp. 93-96.

[5] Al respecto, ver Arancibia, J. Comunicación Política, pp. 109-126.

jueves, 6 de marzo de 2008

Pobreza Estructural y Desigualdad Social


Las barreras que impiden la igualdad de oportunidades comprenden distintas variables, por lo que no puede ser medida solo tomando en cuenta un indicador, ya sea el acceso a ingresos o el consumo de bienes y servicios. Una sociedad es equitativa cuando asegura la igualdad de oportunidades, es decir, cuando no se limita a respetar la igualdad de las personas ante la ley, sino que también promueve la supresión de las barreras económicas y sociales, o la comprensión de las desigualdades que ellas generan y que impiden o dificultan la realización del potencial individual. Por lo tanto, el análisis debe complementarse con la incorporación de la población a la ciudadanía social y política y, por ende, con la capacidad de influir en las orientaciones de política pública o gubernamentales.

Se puede diferenciar pobreza en tanto no acceso a bienes primarios o pobreza en tanto no acceso de bienes o servicios. Ésta debe ser entendida como un fenómeno sociocultural multidimensional que incorpore variables como empobrecimiento, asociatividad política y capital cultural del lado de la familia. Hay componentes adscriptivos de la inequidad que tienen que ver con la distribución de bienes económicos y sociales de acuerdo a rasgos que son socialmente atribuidos a personas, sin tener en cuenta sus talentos o habilidades, estos componentes adscriptivos, que perpetúan la desigualdad, no pueden ser resueltos con la constitución de salarios y bienes básicos, sino que, más bien, con la formación del sujeto -socialización- donde el ciudadano pasa del derecho pasivo al activo. Este componente adscriptivo es atribuible a la existencia de modernización sin modernidad.

Si bien existen componentes adscriptivos que se relacionan con la no distribución de bienes económicos, cabe tener en cuenta los capitales culturales y simbólicos, los cuales, si no son considerados al interior del enfoque de la política pública, tienden al agravamiento de las desigualdades intergeneracionales. Hay componentes distributivos de la inequidad que derivan del sistema de retribución de los factores que se encuentran implícitos en el estilo de desarrollo, que van más allá de los niveles de desigualdad aceptada socialmente. Estos factores abarcan la distribución del ingreso y del patrimonio, incluyendo en éste no solo sus aspectos físicos sino el patrimonio de cocimiento y habilidades y el acceso a la información. Entonces, más allá de la distribución del ingreso -que no se busca desvalorar-, en el análisis, se deben incluir aspectos referidos al grupo de parentesco, la familia entendida como una experiencia cultural de socialización cognitiva, valórica y social; también otros aspectos como el patrimonio de conocimientos, competencias y habilidades, como así mismo de acceso a la información. La distinción de estos componentes permiten subrayar el carácter multidimensional del fenómeno de la inequidad social, idea que debe sustentar todo el enfoque analítico de las políticas sociales con que se pretenda afectar positivamente la distribución social de las oportunidades, se reclama, por tanto, una comprensión integral del fenómeno.

Esto implica que el concepto de pobreza ha experimentado una notable variación cualitativa en su contenido. Convencionalmente el concepto de pobreza (estructural) aludía a una dimensión estrictamente económica, es decir a la capacidad de consumo, donde no existiría movilidad porque no se constituye un “orden social competitivo”. A cambio, se plantea la incorporación de nuevas variables: los valores que los sujetos puedan capitalizar, capital simbólico (capital educacional del hogar); la seguridad (inseguridad en la condición de pobreza), las condiciones de participación autónoma de las personas en su entorno social y político como factor de "superación de la pobreza".

viernes, 29 de febrero de 2008

Modernidad y Modernización


Modernidad y modernización son conceptos que pueden ser claramente diferenciados en su definición, pero esto no implica obviar la incestuosa y compleja relación que, idealmente, entre ellos se da. La modernidad es posible comprenderla en tanto rasgo definitorio de la cultura de una época, es decir entenderla a través de estructuras culturales. Por otro lado, la modernización responde a la tecnología de la transformación animada por esa cultura. Convencionalmente, al referirse a la modernidad se hace referencia al progreso, la igualdad, soberanía, Estado, partidos políticos, parlamentos; esta conceptualización es posible leerla como la construcción moderna de instituciones que tienen la capacidad de fortalecer una acción política moderna. Weberianamente, la tensión modernidad-modernización contiene la esperanza de la constitución de ciudadanía, la modernización se entiende como el diseño de una sociedad, una forma de articular una política pública focal y un cambio de matriz cultural.

Teniendo en cuenta la continua revolución tecnológica, no es casualidad que el debate actual instale el tema bajo las complejas relaciones entre modernidad, entendida como la constitución de códigos seculares y política moderna; y modernización, vale decir, las transformaciones de la base técnica. Esta revolución tecnológica se expresa de dos oleadas, la primera estaría impulsada por la aplicación sistemática y cuantiosa de energía no-humana al proceso productivo; la segunda por la ampliación acelerada de la capacidad humana para procesar información. La primera modernización revoluciona la capacidad de producción material; la segunda revoluciona la capacidad de producción de conocimiento.

En el caso de los países desarrollados se puede apreciar una articulación entre modernidad y modernización gracias a una secuencia histórica de cambio societal de modo que la transición de la primera a la segunda oleada pudo producirse con un apreciable grado de control societal sobre los cambios propios de esa transición. A diferencia se los países en vías de desarrollo -o francamente subdesarrollados- donde lo que ocurre es una superposición de segmentos sociales que, aunque participan de la modernización industrial, conviven con segmentos insertados en la segunda oleada modernizadora, es decir, la capacidad de producción de conocimiento (sociedad de la información) se da en una yuxtaposición social y política. Es por esto que en América Latina es complejo hablar de transiciones que van de una oleada a otro ciclo de modernización, lo que existe son más bien rupturas y quiebres políticos, culturales y sociales que marcan la heterogénea superposición en las formas de desarrollo.Es por esto que la teoría sociológica del desarrollo veía en la modernización una especie de racionalidad histórica que llevaría a un pasaje gradual de la sociedad tradicional a la sociedad moderna, es decir, de lo irracional a lo racional. Este camino lo realizaría mediante la instauración de un moderno sistema de valores, instituciones secularizadas -como la escuela, el partido político, la empresa moderna, burocracia de Estado-. Es en este contexto donde surgen los gobiernos nacionales populistas y el caudillaje. La modernización era, en suma, un proceso de construcción de instituciones. Teniendo en cuenta la desarticulación entre modernidad y modernización, destacan en el debate actual ideas que inciden sobre el análisis de la estructura de clases, la estratificación y la movilidad.

miércoles, 27 de febrero de 2008

Las Ciencias Sociales como disciplinas


Entre 1780 a 1830 comienza una de las revoluciones científicas más grande de la historia de la humanidad, surge la revolución industrial, con lo que el Idealismo Alemán entra en crisis, se produce un desarraigo entre la tradición filosófica y la vida práctica. Es aquí donde surgen las ciencias sociales como disciplinas, este concepto no se refiere a la reflexión científica sobre el hombre y la sociedad, reflexión que ha existido desde el siglo XIII, sino que se refiere al surgimiento de campos profesionales con relativa autonomía entre ellos, es decir, en cada uno de estos campos se puede encontrar su respectivo objeto de estudio, método de la disciplina y, por supuesto, especialista, sean exclusivamente sociólogos, economistas, psicólogos, etc. Los grandes pensadores de los siglos XVII, XVIII o anteriores, es decir antes del surgimiento de las ciencias sociales como disciplinas, son, por así decirlo, pensadores integrales, es decir filósofos, geógrafos, matemáticos, sociólogos, psicólogos o antropólogos, simultáneamente.

En la distinción por disciplinas surgida en el siglo XIX el saber se relaciona con la figura del poder, en tanto privilegio profesional. A propósito de la aparición del saber de la ciencia social como disciplina es que se funda la filosofía de la ciencia contemporánea. Existe una orientación desde el saber de los fundamentos hacia la experiencia, en palabras de Marx: “Los filósofos se han limitado a interpretar el mundo de distintos modos; de lo que se trata es de transformarlo”, en el caso de la fundación de las ciencias sociales, hacia la técnica. Se asumió la ciencia como un hecho y además se asumió que ésta es la mejor forma de conocer, entonces los filósofos ya no buscan un fundamento para la ciencia, el problema pasó a ser técnico: ¿Cómo hacerlo?, es por esto que son llamados filósofos del método. La ciencia, entonces, es un dato, una premisa, y el problema real es encontrar cómo aplicar ese dato del saber científico a un objeto más complejo, al hombre, a la sociedad. La idea del método es una premisa de la cultura científica, es decir que la idea que existe que para conocer se debe utilizar un método es una premisa del propio método, esta idea no es pensada, se da como una obviedad, es anterior al pensamiento. El método, en realidad, no sirve para conocer sino que, mas bien, es la manera en que los científicos presentan sus conclusiones, como se identifican entre si. No es el camino a seguir para llegar a las soluciones sino que es la manera como la comunidad científica se identifica con el resto de la comunidad (legos). El método, entonces, pasa a ser un discurso legitimador y, por lo tanto, una ideología, la ideología de la comunidad científica.

lunes, 25 de febrero de 2008

El “otra vez” como síntoma



Estoy terminando de reemplazar, durante dos semanas, a un colega en su trabajo. A él lo conozco desde la primera adolescencia, entre los trece y los catorce años creo, fuimos compañeros en el colegio por toda la enseñanza media y, como buenos egresados de una escuela industrial, apenas salimos de cuarto medio, sino antes, nos pusimos a trabajar en lo que habíamos gastado el tiempo durante tres años: la informática. Cuando recién entramos a esta “carrera” la denominaban “la carrera del futuro” y, ahora, desde el futuro tan lejano en esos años me doy cuenta cuan errónea era esa frase, seguramente no muy pensada por el profesor que la lanzó. A veces las personas no miden las consecuencias de sus gestos, tan necesarios de ser calibrados sobre todo si los expresas ante un púber.

Luego de trabajar unos años en el rubro con la auto-obligación impuesta, además, de estudiar algo relacionado con lo que hacía para no perder la inversión de tiempo y dinero, me di cuenta de lo errado que me encontraba. Ahora que estoy en un puesto similar al que enrolé hace ya más de tres años atrás comienzo a recordar lo chato que estaba, lo plana que era mi vida, lo poco cuestionada que eran las situaciones y cuanta ignorancia (en el sentido más brutal del termino) guardaba bajo la bóveda . Esta mañana me di cuenta. Un día antes de terminar el reemplazo, sentí la misma voz matinal de antaño al levantarme, el mismo soliloquio que retumba con un eco que solo pueden callar las primeras gotas que salen de la ducha: “Otra vez”. Pero este “otra vez” no es un “otra vez” cualquiera, porque si fuera “otra vez… voy a comer algo rico” u “otra vez… voy a tener sexo del más sucio” u “otra vez… voy a leer cien años de soledad” sería casi una loa, un piropo. Por el contrario, este “otra vez” es de decepción, de desesperación, de aislamiento, de impotencia.

No es cansancio, lo sé, no puede serlo, los viejos se cansan. Además, si fuera cansancio se aliviaría con descansar y éste no es el caso -lo he comprobado empíricamente-, además llevo solo dos semanas en el trote. Esta sensación, más bien, rosa el desaliento, no alcanza a serlo, es solo el comienzo de éste sentir. Es, en definitiva, aburrimiento. Pero ¿aburrido de qué?... ¿de levantarme temprano?, ¿de tomar desayuno apurado?, ¿de viajar en un metro repleto, de mal olor y, por lo mismo, nauseabundo?, ¿de estar sentado todo el día frente a la computadora?, ¿de volver a casa en las mismas condiciones de viaje que en las que arribo al trabajo?. Alguien, de manera apresurada claro está, respondería que si, que es por todas y cada una de esas cuestiones. Pero otro, el segundo por supuesto, que se dio mucho más tiempo para meditarlo que el primero, me diría que efectivamente es la acumulación de todo eso, pero hay más. Ese “más” es donde se oculta el secreto. Es el síntoma, es decir, el valor agregado es lo que devela el trauma que constituye el aburrimiento. Este “más” es el palpitar de la subjetividad aprisionada, engrillada a toda la externalidad enunciada anteriormente, subjetividad que busca compulsivamente tener la facultad de obrar de una manera u otra o, simplemente, no obrar –los más osados y crédulos le llamarían “libertad”-, facultad que le es castrada a la subjetividad debido a que le es castrada la soberanía sobre si misma. Este palpitar es su praxis, su trabajo, su capacidad de producir y que ésta producción lo produzca a si misma. No ser dueño de su trabajo implica no ser dueño de si mismo, de su propia subjetividad, es coartar la “libertad” que constituye al hombre… definitivamente así cualquiera se aburre.

viernes, 22 de febrero de 2008

El baile de la gambeta

Joaquín. Tú mejor que yo, que soy un simple mirón del deporte rey y, por lo mismo, un simple mortal, bien sabes que el fútbol está por sobre cualquier institucionalidad (como dijo un gordito un poco hiperventilado por ahí: “la pelota no se mancha”), el fútbol es ir a la cancha más que al estadio, es pensar en la posibilidad de comenzar a creer en Dios, siendo ateo, ante una potencial definición por penales, es estar expectante ante cada parábola que forme la “gordita regalona”, es emocionarse viendo como el artista del timo traza líneas zigzagueantes sobre la hierba invitándote a jugar mientras te quita el balón buscando envilecer con sus jugadas las tuyas. Es, en definitiva, disfrutar del baile de la gambeta.

Saludos

Visiten http://elbailedelagambeta.blogspot.com/ (Solo el barra brava cruzado)

miércoles, 20 de febrero de 2008

En el medio del festival


Sintiendo que en los medios de comunicación nacional se viene una semana dedicada casi de forma exclusiva a la faramalla festivalera, creo que es necesario recordar cuál es el rol de estos medios en la sociedad, para que no nos pille volando bajo tan espectacular espectáculo. A continuación expondré el fragmento de un trabajo presentado en el curso de “Discurso y Comunicación” que, tomando el caso ejemplar de Televisión Nacional de Chile, pretende explicitar sus prácticas y, en definitiva, intenta que el lector, como sabio descifrador de sus líneas, tome conciencia cuan formateador puede ser un medio de comunicación…. Porque Viña tiene Festival.





Los medios como (re)productores de la realidad, el caso de TVN.





De acuerdo a las Orientaciones Programáticas de TVN esta institución se declara como “un medio televisivo que se concibe como un servicio público pluralista, objetivo y abierto a la sociedad” a partir de lo cual podemos precisar ciertas incongruencias discursivas, las cuales se desmenuzaran a continuación buscando demostrar como los medios de comunicación y particularmente la TV (tomando como caso ejemplar a TVN) tiene la capacidad de (re)producir la realidad sin que muchas personas siquiera se detengan a pensar lo que esto significa.

Al ser un medio de comunicación pluralista nos está diciendo que en su señal y en sus respectivos programas tienen cabida las distintas visiones que pueden existir dentro de una sociedad con respecto a la misma, en palabras de la Línea Editorial de TVN “No pretende desconocer ni mucho menos ocultar la diversidad de la sociedad y los distintos enfoques de quienes viven esos mismos valores de distinta manera”. Esta paradoja discursiva, la pluralidad de quienes viven esos mismos valores de distinta manera es lo que la señal de derecho público y empresa autónoma del Estado representa y busca re-producir.

Este contrasentido es la condición de posibilidad de la emergencia de una institución totalitaria que invisibiliza las condiciones de dominio, haciendo creer que los distintos sujetos son libres y autónomos en su pensar, decir y crear; pero lo que realmente está haciendo es cancelar la deliberación y extirpar la verdadera diferencia y, con esto, preservar para sí el monopolio de un lenguaje particular: la violencia. Al negar el pensar, el totalitarismo cercena las palabras, enmudece a los sujetos, provoca una ontologización lo cual conlleva a la naturalización o normalización de un estado y orden de las cosas. Las personas terminan por vivir en una realidad que les crea el dispositivo de poder que es el medio de comunicación.

Al catalogarse de “objetivo”, o sea, que existe fuera del sujeto que ve un hecho, se otorga imparcialidad. Está queriendo decir que, al decir está diciendo la verdad tal cual es, sin ninguna influencia externa y, por lo tanto, al enunciar la verdad el que realiza el discurso es “la” verdad misma. La verdad es, según Foucault, “el conjunto de procedimientos reglamentados por la producción, la ley, la repartición, la puesta en circulación, y el funcionamiento de los enunciados”. Los sistemas de poder son aquellos que producen el discurso de la verdad y a la vez la ostentan y por lo tanto se re-producen a si mismos en su lugar.

En toda sociedad la producción del discurso está a la vez controlada, seleccionada y redistribuida por cierto número de procedimientos que tienen por función conjurar sus poderes y peligros. Existen tres grandes sistemas de exclusión que afectan al discurso, estos son la palabra prohibida, la separación de la locura y la voluntad de verdad; siendo esta última la dimensión más importante ya que las dos primeras se subordinan a esta. Justamente es esta voluntad de verdad la que se adjudican los medios de comunicación y en este caso TVN al indicar que su discurso es objetivo, y por lo tanto sin ningún otro interés que el de mostrar las cosas tal cual son, está queriendo instalar un velo de alquitrán en las miradas de los espectadores para así evitar el vislumbramiento de su deseo o ejercicio del poder, por lo tanto la voluntad de verdad lo que hace es camuflar la verdad del poder y esconder, además, esta relación incestuosa.

Al obstruir el deseo de poder, los medios de comunicación mantienen a la población común a raya. Hacen que se identifique con lo que el poder quiere que se identifique, evita cualquier posible organización de parte de la población en contra de los que ostentan el poder, fracturando su estructura, creando a personas que no se identifican con su clase, los cuales se encargan de resguardar los intereses de quienes tienen el poder sin ser ellos parte de este. Pero estos mecanismos el poder no los ejerce de manera represiva, lo que hace que la voluntad de este poder sea aceptada es que no pesa solamente como una fuerza que dice no, sino que de hecho la atraviesa, produce cosas, induce placer, forma saber, produce discursos; es preciso considerarlo como una red productiva que atraviesa todo el cuerpo social más que como una instancia negativa que tiene como función reprimir. Los medios de comunicación, indican que es lo que se debe hacer o decir, educan a la población a su antojo y todo esto lo hacen de manera “divertida”, entregándoles el espectáculo que gustan ver, gusto que el mismo poder ha moldeado y desarrollado.

Entonces, cuando TVN se califica como “un medio televisivo que se concibe como un servicio público pluralista, objetivo y abierto a la sociedad”, lo que está haciendo es abrir las puertas de sus estudios para que por delante de sus cámaras desfile la sociedad de mismos que la misma señal a creado, por lo tanto este medio de comunicación narra lo idéntico que produce y re-produce. Muestra a los espectadores “los distintos enfoques de quienes viven [los] mismos valores de distinta manera”, estos valores son los sentidos de verdad que son la condición para la formación y el desarrollo del capitalismo neo liberal.